En Cracovia en el mes de octubre de 1937, Jesús pidió a Santa Faustina que venerase todos los días, de modo especial, la hora de su muerte en la cruz. Él mismo la llamó “hora de la gran misericordia para el mundo”. He aquí las palabras del mismo Jesús dirigidas a Santa Faustina:

faustina 

 

“A las tres de la tarde, invoca mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en mi pasión, especialmente en mi abandono en el momento de mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de mi pasión”

Jesús enseñó a Santa Faustina esta breve oración para que la recitara a las tres de la tarde en la hora de la gran misericordia: ”Oh sangre y agua, que brotaste del corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros y para el mundo entero, en ti confío”