La fiesta es, de entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia, la que tiene mayor importancia. Jesús habló por primera vez a Santa Faustina de instituir esta fiesta el 22 de febrero de 1931 en Plock el mismo día en que le pidió que pintara su imagen y le dijo: ”Yo deseo que haya una fiesta de la Divina misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la fiesta de la misericordia”. “En aquel día, (dice el Señor), quien se acerque a la fuente de la vida (los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía) conseguirá la remisión total de las culpas y de las penas”.

fiesta

 

El Señor promete: ”derramaré todo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de misericordia. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata serán perdonados”

“Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la santa comunión el día de la fiesta de mi misericordia”.

“No encontrará alma alguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la fiesta de la misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre mi misericordia infinita. Te nombro dispensadora de mi misericordia.”

“Hija mía, di que ésta ha brotado de las entrañas de mi misericordia para el consuelo del mundo entero.”

La elección del 2º Domingo de Pascua, en el que concluye la octava de la Resurrección del Señor, indica la estrecha relación que existe entre el misterio pascual de la Redención y el misterio de la Divina Misericordia, ya que la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor son la más grande manifestación de su misericordia hacia nosotros.