Círculo

El círculo es sinónimo de alianza. Habla del Amor de Dios que no tiene principio ni fin, es eterno, haciendo referencia al texto: “Con amor eterno te he amado” Jer 31,3. La eternidad se adelanta y se vive en el corazón que se abre a ese amor.

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El color rojo del círculo

Este color rojo está situado arriba en la esfera. Representa el amor Divino. También dónde buscar el sentido de la vida: “buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” Col 3, 1-4. Se mezcla con el color azul de agua. Con ello se evoca la iniciativa de Dios que ha querido abajarse y tomar nuestra carne. Quiere transformar nuestra pequeñez y nuestra limitación, para Él es una oportunidad de amor. Con este querer nos completa.

El color azul del círculo

Hace mención a nuestra condición. Jesucristo, Dios hecho hombre, por medio de su encarnación nos redimió: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” Flp 2, 6-7. Este abajamiento hizo de nuestra humanidad trampolín para nuestra salvación. El abismo que nos separaba de Dios por nuestro pecado ha sido cancelado. Ya podemos participar de los bienes del cielo.

El corazón amarillo

Su corazón es expresión del Amor que irradia una nueva vida en nosotros, como si fuera la matriz donde se forja al nuevo hombre: “Y os daré corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo” Ez 36, 26. En Cristo todo es compasión porque Él es amor: “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis” Jn 19, 34. Este corazón atravesado es testimonio de ese Amor que nace del Sol que sale de lo alto e irradia sobre nosotros una nueva forma de vivir: amar hasta dar la vida por el otro.

Los rayos de color rojo

Es la sangre derramada por nosotros: “porque esto es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” Mt 26, 28. Es la vida que quiere abrirse paso en nuestra existencia. Necesitamos una transfusión de sangre que nos de su espíritu. Por eso significa el Espíritu Santo que nos ha sido dado para nuestra santificación: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que os he dicho” Jn 14,26.

Los rayos de color azul

Representa el agua del bautismo que nos da una nueva vida y una nueva comunidad. El agua que nos limpia de nuestros pecados: “Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar” Ez 36, 25. Esta agua representa la vida de la iglesia, todos los sacramentos que nos incorporan a la nueva economía de salvación, a ir participando de todos los bienes del cielo aquí en la tierra: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” Jn 3, 5.

Los rayos que tocan el borde azul del círculo

Los rayos que nacen del corazón de Cristo tocan el borde inferior de la esfera manifestando que la gracia ha sido derramada sobre la humanidad. Todos somos salvos por el agua y la sangre: “Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad" 1Jn 5,6. Las acciones salvíficas de Cristo se siguen realizando actualmente gracias a la vida sacramental que nos hace conocer el amor gratuito y fiel del Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo.

La figura de Jesús

Al fondo aparece la imagen de Jesús bendiciendo dentro del círculo, es decir, es el Verbo encarnado, segunda persona de la Santísima Trinidad: "Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno" 1Jn 5, 7. En Jesucristo se nos da la Misericordia. Él mismo es la Misericordia del Padre. Él ha roto nuestras cadenas de muerte y nos ha regalado una vida nueva, llena de sentido y felicidad. Se nos invita a creer que la muerte de Jesús es el resultado no de una violencia sino de un sacrifico voluntario de amor (cf. Jn 10, 17-18) que nos rescata para su Misericordia. De esta manera aparece la victoria visible del Cordero en su aparente derrota. La descripción joánica del costado abierto culmina en la cita de Zacarías 12-10: “Mirarán al que traspasaron”. Por eso este logo nos invita a mirarlo y a gozar de este amor misericordioso que nos ama tal como somos y nos invita a hacer lo mismo con los demás.